Recorrido por los fiordos del Círculo Polar Ártico
Excursión por los fiordos del Círculo Polar Ártico: una de las experiencias imprescindibles en Tromsø.
Cuando pensamos en Tromsø, lo primero que nos viene a la cabeza son las auroras boreales. Sin embargo, hay una experiencia que muchas veces pasa desapercibida y que, para nosotros, fue una de las más especiales del viaje: recorrer los fiordos del Círculo Polar Ártico.
Durante unas horas dejamos atrás la ciudad para adentrarnos en un paisaje donde las montañas nevadas se funden con el mar, los pequeños pueblos pesqueros parecen detenidos en el tiempo y el silencio se convierte en el verdadero protagonista.
Si estás organizando un viaje a Tromsø, esta excursión merece un hueco en tu itinerario.
¿En qué consiste la excursión?
La mayoría de las excursiones parten desde el centro de Tromsø y recorren algunos de los fiordos más espectaculares de la región. Normalmente se realizan en grupos reducidos, en barco, haciendo varias paradas en miradores y momentos en los que la fauna marina está detenida para disfrutar del paisaje, hacer fotografías y conocer mejor la historia de esta parte del norte de Noruega.
A diferencia de otras actividades más aventureras, esta es una excursión tranquila, perfecta para quienes quieren descubrir el entorno de Tromsø sin prisas. Además ir con peques es una de las mejores experiencias en la naturaleza que les podemos regalar.
¿Por qué hay tanta fauna en los fiordos de Tromsø?
La costa del norte de Noruega está bañada por la Corriente del Golfo, una corriente oceánica que transporta aguas relativamente templadas y muy ricas en nutrientes desde el Atlántico. Esta mezcla favorece una gran abundancia de plancton y peces, creando un auténtico buffet natural para aves marinas, focas, marsopas y ballenas.
Cada invierno, millones de arenques llegan a estos fiordos para alimentarse y reproducirse. Tras ellos aparecen sus grandes depredadores, convirtiendo la zona en uno de los mejores lugares de Europa para observar vida marina.


¿Cuál es la mejor época para hacer esta excursión?
Depende de lo que quieras ver.
Septiembre y octubre
Los colores del otoño transforman completamente el paisaje y comienzan las primeras noches de auroras boreales. Todavía no han llegado la mayoría de las ballenas, pero las excursiones son mucho más tranquilas y menos frías. En esta época, esta actividad es muy bonita para contemplar el amanecer y esos paisajes con cielos de colore pasteles.
Noviembre, diciembre y enero ⭐
Es la mejor época si tu prioridad es observar fauna marina. Los bancos de arenques atraen a orcas, ballenas jorobadas y numerosas aves marinas. Además, coincide con la noche polar, cuando la luz del Ártico ofrece una atmósfera única. Sin duda el mejor momento del año para poder avistar grandes especies en libertad. La proximidad a ellas es muy ética, hay que mantenerse en silencio y durante el recorrido en barco te van contando info sobre lo que podremos ver. Evidentemente no es algo que se pueda asegurar, pero la probabilidad es muy elevada.
Febrero y marzo
Los días son más largos y aumenta el número de horas de luz. Aunque las ballenas suelen abandonar la zona, continúan siendo frecuentes los avistamientos de águilas marinas, focas y otras aves. También es uno de los mejores momentos para combinar la excursión con la búsqueda de auroras boreales.
Un detalle que me parece fascinante
Una de las cosas que más sorprende durante la excursión es que, aunque los fiordos parezcan tranquilos y silenciosos, bajo su superficie existe un ecosistema increíblemente activo. En invierno, millones de arenques convierten estas aguas en un punto de encuentro para algunos de los mayores depredadores del planeta. Saber que bajo ese mar aparentemente sereno pueden estar nadando orcas, ballenas jorobadas o marsopas cambia por completo la forma de contemplar el paisaje y hace que cada parada junto al agua esté llena de expectación. Es esa mezcla de calma y vida salvaje la que convierte a los fiordos de Tromsø en un lugar tan especial.
La verdad es que aun recordamos la expresión de nuestras hijas cuando pudieron ver como salían las colas de esas ballenas gigantes a la superficie. Tuvimos suerte, también vimos una jorobada. Y sinceramente, la primera vez que subes a proa bien abrigado para no pelarte del frio, la lagrimilla se te escurre por la mejilla, pero la temperatura tan baja hace que se congele a media cara. No pude creer que estuviéramos allí. Entre eso y las auroras fue uno de los viajes más maravillosos de mi vida. ¿Cómo la naturaleza es capaz de ser tan bella?
Esta excursión la hicimos con una empresa local familiar y muy pequeñita. Estuve varios días mirando y mirando para intentar hacerla en un buen sitio local, sin multitudes y que fuera lo más respetuosa posible. Al fin y al cabo si te acercas mucho a ellas para conseguir una buena visibilidad es romper su espacio vital y su entorno y ellos lo respetaron al 100%.
Se veían perfectamente y el zoom de la cámara lo capto absolutamente todo. Esa sensación de frío menguó cuando una manada de pájaros volaba sobre las orcas y ballenas. ¿Sabéis lo bonito que es poder verlas en completa libertar y no encerradas en un acuario? Una maravilla, que sin duda debes hacer. Sí, es caro, pero merece cara euro.
La empresa se llama Polar Adventures y con ellos reservamos también nuestra salida a ver las auroras boreales.
Un día que nunca olvidaremos
Tuvimos que meternos un madrugón de tres pares de narices. A las 5 de la mañana teníamos que estar en el puerto de la ciudad donde se encuentra la oficina. Hacía mucho frío y mientras que llegaba la gente te podías resguardar allí y tomar algo caliente.
El barco pesquero es grande, pero solo acogen entre 20 y 30 personas; lo que supone un grupo reducido en estos casos. Algunos de otras empresas albergan unas 50 personas y a la hora de salir a proa y contemplar la naturaleza es peor.
Mas o menos tardamos un par de horas en llegar a uno de los primeros puntos. Dentro se estaba super calentito y además había mantas, bebida caliente ilimitada durante toda la actividad y pastitas de té. Nosotros nos echamos un ratito porque el madrugón había sido considerable, pero mis ganas por mirar los fiordos superaron el cansancio. Durante la travesía y si el tiempo lo permite puedes salir fuera, pero ¡ojo! Con mucho cuidado, porque la proa esta congelada y con el movimiento del barco, andar con normalidad es complicado.
Recuerdo no poder sacar ni la mano del guante para grabar, y se me quedó petrificada, pero es que no podía. Tenía que imortalizar absolutamente todo. Es una pasada. Ese mar con los fiordos bien nevados a los lados y pequeños pueblecitos de 3 o 4 casas de colores… ¿Os imagináis que sensación? Como os digo, no puedes pasar mucho tiempo fuera porque te congelas y justo aquí es donde los parches de calor para manos y pies son un buen invento.
Nos hizo un día precioso y tuvimos la suerte de ver muchas especies. Simplemente te quedas ahí embobado viendo lo maravilloso que es el mundo marino. Y cuando te tienes que volver, afortunadamente te dan un caldo típico noruego para entrar un poco en calor. A nosotros nos encantó la verdad, tenía algo de carne y vegetales. Bastante contundente con un cuscurro de pan. Evidentemente no es una gran comida, pero puedes llevarte un bocadillo o sandwich en la mochila para sobrevivir o complementar.
La excursión en concreto es justo esta. Así que toma nota y guarda para cuando viajes a Tromsø porque es un «must».


