Wakayama, el Japón que no esperábamos encontrar
Descubre la guía más completa para visitar la perfectura de Wakayama en 4 días y descubrir un Japón de postal.
Cuando pensamos en viajar a Japón, nuestra cabeza suele llevarnos a Tokio, Kioto, Osaka, los templos de Nara o el monte Fuji. Pero Japón es muchísimo más que sus grandes ciudades y sus lugares más conocidos.
Durante nuestro viaje de 14 días por Japón decidimos reservar cuatro días para descubrir una zona de la que, hasta entonces, apenas habíamos oído hablar: la prefectura de Wakayama. Y fue una de esas decisiones que terminan convirtiéndose en uno de los mejores recuerdos del viaje.
Wakayama nos sorprendió desde el primer momento. Por sus carreteras junto al mar, por sus pequeños pueblos costeros, por sus montañas cubiertas de vegetación, por sus templos, por su gastronomía y, sobre todo, por esa sensación de estar descubriendo un Japón mucho más tranquilo y auténtico.
Aquí no encontramos las grandes multitudes de otros lugares del país. Encontramos otra manera de viajar. Una carretera que serpentea junto al Pacífico. Un pequeño puerto donde el pescado acaba de llegar. Una mesa llena de productos del mar. Templos escondidos entre bosques. Playas, acantilados, islas y pueblos en los que el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Y al terminar nuestro viaje solo podíamos pensar una cosa: ¿Por qué no habíamos venido antes?
¿Dónde está Wakayama?
La prefectura de Wakayama se encuentra en la región de Kansai, al sur de Osaka, ocupando buena parte de la península de Kii. Su ubicación hace que sea una escapada perfecta desde Osaka, pero lo suficientemente alejada de las rutas turísticas más habituales como para conservar una personalidad propia.
Y quizá ahí está precisamente parte de su encanto. Mientras Osaka es energía, luces y movimiento, Wakayama es mar, montaña, bosques y pequeños pueblos. La prefectura combina dos paisajes que parecen hechos para viajar despacio: la costa del Pacífico y las montañas de la península de Kii. Y entre ambos encontramos algunos de los lugares más fascinantes que visitamos durante nuestro viaje por Japón.
Cuatro días descubriendo Wakayama.
Nosotros estuvimos cuatro días en Wakayama dentro de nuestro viaje de 14 días por Japón y, aunque conseguimos conocer muchísimo, nos quedó clarísimo que esta prefectura merece bastante más tiempo, sobre todo si vas en época veraniega, ya que te atraparán sus maravillosas playas de aguas turquesa, sus vertiginosos acantilados y esas puestas de sol de color naranja. ¡Claro! Por no hablar de la cantidad de festivales de fuegos artificiales que puedes ver por la zona a pie de playa. ¡Una auténtica pasada!
Porque Wakayama no es un destino para tachar lugares de una lista. Es un destino para conducir, parar, descubrir y dejarse sorprender. Y sí, lo habéis leído bien, para conducir. Es cierto que podéis moveros en transporte público, Japón por cualquier parte del país está super bien conectado tanto por ferrocarril como por carretera, pero en esta prefectura los tiempos no son tan cortos y conducir es realmente fácil. Las carreteras son tranquilas y está todo bien indicado en inglés y el Google Maps funciona al 100%, ¡así que no te lo pienses dos veces!

Itinerario de 4 días por Wakayama.
Día 1
Según llegas a la estación de Wakayama. Nosotros fuimos desde Osaka en tren. Tarda aproximadamente una hora y es un recorrido cortito y tranquilo. El tren tiene opción de reservar billete con asiento o normal. La diferencia es el doble y es un recorrido en el que aunque no reserves asiento, vas a encontrar uno libre, así que no hace falta que derroches. El trayecto sin reserva de asiento, los 4 fueron unos 15 euros (los menores de 6 no pagan en Japón). Y a la ida que reservamos el asiento fueron unos 30 euros.
Una vez allí puedes ver algunos puntos importantes de la ciudad como el castillo. Construido en 1585 por orden de Toyotomi Hideyoshi y convertido posteriormente en uno de los principales bastiones de la rama Kishu de la familia Tokugawa. El castillo actual es una reconstrucción, ya que el original fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Además de visitar el castillo, merece mucho la pena pasear por sus jardines, especialmente por Momijidani Teien, un precioso jardín japonés situado junto al castillo.
Después hicimos parada en Porto Europa junto al mercado de Kuroshio, el lugar perfecto para comer y pasar. Porto Europa es un parque temático junto al mar, hecho en una isla artificial y donde parece que estas paseando por la misma Italia, Francia o España. Es muy bonito y curioso, además tienen muchas atracciones para los pequeños y la entrada es GRATIS.
Nosotros pagamos algunas atracciones y nos quedamos a comer en el mercado. Si hay algo que nosotros no nos perderíamos en Wakayama ciudad es el Kuroshio Market. Un mercado dedicado al pescado y al marisco donde puedes encontrar productos fresquísimos y comerlos prácticamente frente al océano. Y hay algo que lo hace todavía más especial: tres veces al día realizan un espectáculo de corte de atún, pero si os queréis quedar a verlo, tenéis que coger sitio unos 20 minutos antes de que empiece el show. Es algo muy popular y que les gusta mucho a los locales. Según entras al market, lo vas a ver y también te anuncian ahí la exhibición. Lo mejor es que de esa pieza luego sacan platos por 5 euros que puedes comprar (2 piezas de sushi por plato).
Es un lugar fascinante, nunca habíamos estado en un mercado japonés y puedes degustar la gastronomía más local, fresca y rica. Os lo recomendamos 100%. También tienen una sección de coger al peso todos los productos que quieras, tanto de carne como de pesca e irte a fuera, donde a la brasa podrás cocinártelos en tu mesa y comertelo. Sin lugar a duda, soñaremos con este lugar para siempre.
Comimos un par de platos del sushi recién cortado el atún (10 euros), cogimos un variado de pescadito y zamburiñas para hacer a la brasa (unos 15 euros) y una bandeja de sushi de salmón por unos 7 euros. Comimos de locos.
De aquí pusimos rumbo a Shirahama, uno de los destinos más conocidos y populares de esta perfectura por sus playas y nos hospedamos en el hotel Shirahama Key Terrace
Sin lugar a dudas, un hotel espectacular, en primera línea, sobre un pequeño acantilado. Fue fascinante la experiencia. Las habitaciones eran enormes y perfectas para una familia de cuatro. Tenía parking, piscina y un par de restaurantes espectaculares; uno Buffet y otro a la carta. Andando a la playa eran unos 10 minutos, así que fue el lugar perfecto, mucho más tranquilo y acogedor, donde pasamos dos noches. Es cierto que la noche cuesta unos 200 euros para los cuatro, pero en esta zona los hospedajes son muy caros y no os aconsejo que os vayáis muy lejos de la zona céntrica porque no lo vais a disfrutar igual.
Día 2
El siguiente día lo dedicamos a Shirahama exclusivamente. Por la mañana fuimos con las niñas a un pequeño museo sensorial y lúdico que se llamaba «Shirahama Energy Land«. Más bien es un parque temático interactivo, con diferentes salas, juegos y museo sensorial. Es enorme y nos pasamos dos horas allí dentro. Las chicas se lo estaban pasando super bien y estaba muy enfocado a la energía humana, naturaleza y fósiles. Además hay un laberinto de sellos super divertido, que no te puedes perder. Los tickets de los adultos costaron unos 10 euros y el de los menores unos 3 euros cada uno.
Comimos en un sitio super local de ramen muy próximo a nuestro hotel. Se llama Key Noodle. Y te puedo asegurar que es de los ramen más ricos que hemos probado. No es el típico ramen al que estamos acostumbrados a comer. Tienen solo 4 o 5 variedades y es una autentica locura. El más normal tiene una salsa suave, con nata espectacular y Alberto se pidió el de marisco y nos llevamos las manos a la cabeza al ver media langosta en el plato. Unos platos que literalmente eran mas grandes que nuestra cabeza. Imagina cuando te traen eso y pagas solo 10 euros por ese plato. ¡Me pido 5! Aunque es tan gigante que no puedes repetir. ¡Qué pena! Los normales también eran enormes y costaba solo 5 euros el plato.
Por la tarde la pasamos en la playa. ¡Oye que locura! Los japoneses muy entregados a los días soleados y playeros. Me alucinó bastante ver tanta gente en la playa, disfrutando del sol y de lo rica que estaba el agua. Algunas personas iban más tapadas pero otras no. No nos sentimos incómodos en ningún momento, aunque yo había llevado bañadores y no bikinis por si las moscas.
Las playas que hay en Shirahama son espectaculares para ir en familia. No son tan longitudinales como las que tenemos en España, pero si que de arena finita y de entrada suave.
Disfrutamos mucho, pusimos nuestras cosas en la toalla y casi no podíamos salir del mar. ¡Estaba espectacular! A pesar de la cantidad de gente, nadie te quita absolutamente nada. Es muy seguro. Esta playa está justo en la zona céntrica, lo cual puedes cruzar para comprar algo en el combini o incluso pasar a alguna tienda.
Más adentrada la tarde nos cambiamos de playa e hicimos paddle sur. Queríamos hacer algo de snorkel pero el tiempo no nos lo permitió. Un gran tifón acechaba la isla y el mar estaba muy oscuro, lo que sería imposible de ver algo en el fondo del mar. El equipo de «Lahaina Aqua resort«, nos dijo que hiciéramos paddle sur. No habíamos hecho más que una vez cuando éramos novios y en el pantano de San Juan, así que… ¡Probamos en el mar! La actividad nos costó 26 euros por cada dos, ya que solo cogimos dos tablas dobles.
La cosa pintaba difícil, sobre todo porque cada uno teníamos que llevar a una peque en su tabla. El tiempo estaba algo nublado, pero el agua calentita y no muy revuelta, lo que no fue muy difícil. Nos hicimos una excursión solo de una hora hasta unas cuevas y vimos la isla Engetsutou. Sencillamente una gran belleza. A últimas decidimos ponernos de pie y fue una risa tan grande que perdí todas mis fuerzas para poder regresar a la playa. Yo conseguí guardar el equilibrio y ponerme de pie un rato, pero Alberto y la niña pequeña fueron varias veces al agua. ¡No podíamos parar de reír!
Es un deporte que requiere mucho equilibrio y paciencia, además el vaivén del agua juega en tu contra, pero nosotros lo hicimos de rodillas y nos lo pasamos super bien. ¡A la próxima seremos algo más expertos!

El sitio tenía un gran aseo, donde poderte duchar y cambiar. Nos quedamos impolutos y nos fuimos a ver el maravilloso atardecer que se quedó después de esa tarde nublada. Ver la isla de Engetsutou es un acierto y un lugar super romántico, ¡así que anótalo!
Para cenar nos fuimos al hotel; el restaurante buffet era una maravilla y a pesar de cenar prontito desde ese pedazo de ramen, ya habíamos hecho hambre. Teníamos que aligerar un poco, porque justo había un festival de fuegos artificiales en Shirahama. Es super popular, porque lanzan unos 2000 fuegos en unos 40 minutos.
Nosotros cogimos unas cervezas y nos fuimos a la playa. Recorrimos mucho más para encontrar un lugar donde poder estar y sentarnos a gusto. Pasamos un cierre de día espectacular. Fueron preciosos, tres barcos en el mar lanzaban fuegos como si no hubiera un mañana. Las niñas estaban alucinando y nosotros también. Nunca habíamos visto una puesta en escena tan preciosa, a la luz de la luna y sentados en el mar. ¿Podremos olvidar este día? Lo dudo.
Día 3
Empezamos el día haciendo las maletas, porque nos movemos a la zona sur de Wakayama. Desayunamos prontito y pusimos rumbo a Kushimoto, donde nos alojaremos esta última noche de nuestro recorrido.
Nuestra primera parada fue Koza River. Las actividades populares en la zona incluyen caminar partes de la ruta Kumano Kodo Ohechi, buceo, kayak en el río, especialmente a lo largo del río Koza-gawa e incluso surf. Se pueden alquilar bicicletas en las estaciones de tren de Koza y Kushimoto. Además la zona es espectacular porque tienes un montón de acantilados y sistemas rocosos por formación de lava de mies de años, que parecen de postal. No obstante os dejamos el link de la web, que está en español para que podáis ver lo precioso que es y coger más info.
Para hacer descenso en kayak por el rio Koza, tienes que hablar japonés o llevar un interprete, porque allí no te permiten hacer ciertas actividades sin poder comunicarse y mostrar las medias de seguridad. Nosotros íbamos con un guía local de habla inglesa que nos traducía todo. Al final es que nos hicimos amigo de él y madre mía, parecíamos una familia de 5. La actividad la hicimos con: «Kankou Kushimoto«, podéis poner la web en inglés y ver precios, horarios y hacer la reserva. La actividad por adulto por costó 35 euros.
El descenso es muy light, lo pueden hacer todos los públicos. Además tranquilo, con zonas que no cubren absolutamente nada y con un paisaje que no te esperas. Todo rodeado de montañas y zonas verdes. El día nos hizo soleado y el agua estaba buenísima, lo que nos permitió una parada para bañarnos y disfrutar del entorno. La actividad nos llevó un par de horas o quizá tres. No lo recuerdo bien. Cuando acabamos, justo en el parking, había un aseo, donde nos cambiamos y nos fuimos a comer en un restaurante ítalo-japonés que nos recomendó nuestro guía local. El lugar se llamaba M´s Cafe Dining. Al parecer era un sitio muy popular porque había un hotel importante, pero el hotel desapareció y solo está el restaurante. Comimos bien y rico, por muy poco. Los platos oscilaban los 5 y 10 euros. Además como el agua es gratis en todos los restaurantes, gastamos bien poco.
De ahí pusimos rumbo a ver las formaciones rocosas de Hashigui. Una belleza de la naturaleza que te deja con la boca abierta. Parece una postal. Son una formación natural de unas 40 rocas gigantes en línea recta que se extienden 850 metros mar adentro. Parecen pilares de un puente, declaradas Monumento Natural de Japón. Después de bajar, pasear por ellas porque la marea estaba baja y hacernos unas cuantas fotos, no fuimos a nuestra última parada del día: Kumano Nachi.
Kumano Naichi Taisha, es un santuario sintoísta ubicado en la mitad de la montaña Nachi, a unos 350 metros sobre el nivel del mar. Tiene su origen religioso en el antiguo culto a la naturaleza de Nachi-no-Otaki. Este gran santuario es parte de Kumano Sanzan y el principal destino de peregrinación. Te aconsejamos que hagas click en el enlace que te hemos puesto para ver toda la info de este lugar tan importante y sagrado.

Aquí alquilamos los trajes de auténticos de peregrinos. Creo recordar que eran unos 15 euros cada uno. Las señoras de la oficina fueron sumamente amables. Les pedí grabar y ellas tan amables y sonrientes siempre. Mientras nos vestían no paraban de decirnos cosas para que nos rielamos y pasamos un rato super bonito con ellas. Tenían miles de trajes y nos dijeron que si no llegamos a realizar todo el camino podíamos bajar a cambiarnos.
El lugar es espectacular y hacerte esa subida por Daimon-zaka es impresionante. Es una escalera de adoquines (600 metros de largo con 267 escalones) y forma parte de la ruta de peregrinación de Kumano Kodo (el camino sagrado, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2004 y hermanado con el Camino De Santiago). Está bordeada de árboles centenarios y se extiende desde el fondo del valle hasta el santuario Kumano Nachi Taisha. Daimon-zaka significa «pendiente de puerta grande» refiriéndose a una puerta del santuario que una vez estuvo cerca.
Vestido cuesta un poco, pero… ¿Qué quieres que te diga? Nunca más seremos así de jóvenes y estaremos vestidos de peregrinos haciendo este trocito de camino.
La subida mereció muchísimo la pena y adentradnos en el templo y santuario al mismo tiempo fue una experiencia maravillosa. ¿Qué deciros? Las fotos que nos hicimos harán historia en nuestro álbum de fotos y contemplar las vístalas que había hacia la cascada fue el mejor momento sin duda de todo el día.
Justo en la web podéis ver todos los horarios, precios de las entradas (pero no fueron mas de 4 euros por persona visitar la zona sagrada y la cascada). Y por cierto, si tu viaje aquí está programado para el 14 de julio, no olvides que hay una festividad del fuego que no puedes perderte. Te dejo la info en la página oficial de visit Japan.
Acabamos exhaustos, el calor, la caminata y esa sensación que explotó dentro de nosotros para poder ver este lugar, hizo que estuviéramos bajo mínimos; así que nos fuimos al hotel. Esta noche la pasamos en Hotel Usahima. No está justo en la ciudad que os decía, se encuentra en Natchikaatura, a muy pocos km de distancia. No es barato, eran unos 200 euros la noche en un hotel de cuatro estrellas con unas vistas espectaculares. Se trata de un famoso complejo de aguas termales (onsen) junto al mar, conocido por sus grandes baños excavados en cuevas naturales de roca y por requerir un corto trayecto en barco para acceder a él. Se encuentra sobre un conjunto rocoso, así que gracias a la altitud las vistas son inmejorables.
Imagina el pedazo de atardecer que vimos allí. ¡Bueno! Que me lío y no os cuento lo importante. Para llegar a él, o bien vas por carretera o bien coges el barquito que es como una tortuga. El trayecto es muy poquito; escasos 10 minutos y según llegas estas en la puerta del hotel. La suerte que tuvimos es que teníamos unas habitaciones justo en la cima de la montaña, lo que lo hacían mucho más precioso aún si cabe. ¿Y cuál fue nuestra grata sorpresa? Esa noche se hacía el festival de fuegos artificiales de la zona. Fueron algo más cortos pero duplicaban los fuegos con respecto a los anteriores. ¡Un espectáculo!
Cuando nos enteramos lo primero que hicimos es quedarnos a cenar en el hotel. Era tan grande que nos perdimos por el completo. Y lo mejor es que ibas por debajo de la montaña. Había un onsen precioso y también un laberinto de sellos por cada rincón del hotel. Las niñas se volvieron locas. ¡Les encantó!
La cena era estilo buffet, creo que junto al Club Med Marbella, han sido dos de los hoteles que mas alucinantes tenían el Buffet. Disfrutamos mucho de la gran variedad de sushi recién hecho y la cantidad de platos tanto orientales como occidentales.
El final de la velada fueron los fuegos. Y casi sin fuerzas nos fuimos a dormir a los futones para recargar fuerzas para el día siguiente.
Día 4
Amanecer allí tuvo que tener madrugón si o sí. A mi me encanta coger mi libreta para apuntar ideas, cosas, o bien coger un libro. Aunque nunca leo, siempre me despisto mirando al horizonte y el amanecer. Me encanta quedarme mirando fijamente el espectáculo que da la naturaleza todas las mañana y dar las gracias por lo que soy y todo lo que tengo; pero desgraciadamente la gloria me duró media hora. Sonó el despertador y nos pusimos ha prepararnos y organizar el equipaje. Nuestra estancia en Wakayama estaba llegando a su fin y hoy tocaba volver. Aunque bueno… antes hicimos algo super bonito.
Desayunamos y nos fuimos a Kumano Kodo. Hay cuatro rutas de este camino sagrado y a diferencia del Camino De Santiago, aquí te sellan según templos o santuarios visitados.
Nosotros hicimos el camino de Hongu Taisha; uno de los caminos mejor valorados y más coritos para hacer en familia. Fueron tan solo 3 km y se nos hizo bien corto. Llegamos prontito y al final del camino disfrutamos mucho de La Paz que albergaba el santuario sagrado. Al llegar, sellas tu pasaporte y entras. Hay como 5 altares. Cada uno corresponde a un dios diferente al cual veneran y le hacen una ofrenda. El ritual es ir del primero al útlimo. Tirar una moneda de 100 yenes, hacer la reverencia, pedír un deseo u ofrenda, dar dos palmadas y volver hacer una reverencia.
A la salida comimos junto al tori gigante un ramen que estaba espectacular. El local era muy tradicional, barato y sin duda estaba lleno. ¡Hicimos buena elección! No recuerdo como se llamaba no me matéis.
De ahí nos separaban casi dos horas conduciendo de nuevo a Wakayama donde cogimos el tren de vuelta a Osaka y nos montamos con toda la pena del mundo. Habíamos pasado los 4 días más increíbles y diferentes que podíamos pasar. Habíamos conocido un lugar super desconocido y que tanto nos ha aportado y sobre todo habíamos conocido gente maravillosa que jamás olvidaremos.
¿Mereció la pena? Aunque el bolsillo costará… absolutamente. Y honestamente… nos hubiéramos quedado algún día más para descansar en sus preciosas playas.


