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Finca rural Aal Cachucho

Aal Cachucho, un oasis a las afueras de Madrid.

El pasado 5 de Mayo volvimos hacer las maletas de nuevo. Ya había pasado más de siete meses que no teníamos la ilusión, las ganas y la alegría que se siente cuando uno sale de retiro, escapada o vacaciones. La verdad es que no habíamos ido muy lejos pero el hotel “prometía”: Aal Cachucho, un oasis a las afueras de Madrid.

¿Qué bien sienta sentirse vivo de nuevo verdad? Con esa sensación cuando uno coge el coche, y aunque esté a pocos km de casa, el mero hecho ya de dormir en otro lugar, respirar aire fresco y levantarse con el desayuno hecho… ¡Merece mucho la pena! La alegría fue triple, porque Sia estaba muy ilusionada con nuestra primera salida del año y porque India ¡Por fin! Iba a sentir lo que es estar fuera de casa. Parece una chorrada, ¿verdad? Pero es que Sia con tan solo seis meses (los mismos que ahora tiene Indi, ya conocía cinco países. Bueno, la situación sanitaria es mundial y nos hemos estancado todos. Seguro que en breve cogemos el ritmo y podemos ir sumando en familia los cintos de países que nos quedan por delante.

¡No me ando por las ramas! ¡Qué siempre me despisto! Aal Cachucho, empezó siendo la escapada soñada y más deseada para salir de casa, de la rutina y un poco volver a sentir (como ya os he dicho antes) esa sensación viajera que llevamos en la sangre, pero… acabó convirtiéndose en una de las mejores escapadas que hemos hecho hasta la fecha. ¿Queréis saber por qué?

Lo primero, es una finca de bodas y eventos. Lo cual es enorme y cuenta con unas seis hectáreas aproximadamente de recinto. Todo campo y con unas vistas maravillosas a la sierra de Madrid. ¡Qué por cierto aún se podían ver los picos nevados! ¿Qué gusto es poder observar todo el paisaje sin esa nube de contaminación que impide ver más allá de un km en la ciudad, eh? Dentro de este recinto, hay siete habitaciones (tres suites y cuatro habitaciones dobles) donde podrás hospedarte sin necesidad de dar un sí quiero, ser invitado de una boda o evento. ¡La verdad es que ha sido todo un descubrimiento!

Las habitaciones más grandes cuentan con unos 35 metros cuadrados aproximadamente. Son grandes, espaciosas, luminosas y muy cómodas. Están perfectamente cuidadas al detalle. Lo que más nos gustó, es que cada una está decorada de una manera diferente y esa decoración es gracias al gusto y los viajes que la familia ha ido haciendo a lo largo de su vida. Cada objeto de decoración o tela, ha venido de algún lugar del mundo, por lo que las hace aún más especiales.

Nosotros nos hospedamos en la habitación limón, porque es la que tiene el baño algo más reducido y la zona de la cama más amplia. Permite así poder incluir una cama supletoria y una cuna de bebé, quedando aún espacio para deambular por la habitación sin sentirte prieto o reducido. Pero… hay otro detalle que nos encanto y es… ¡El pedazo de porche que tienen las tres! Unas vistas increíbles a esas seis hectáreas de puro campo florecido durante la primavera. ¡Ojo! No muy apto para los alérgicos como yo, así que… mejor ir bien dotado de medicación y mascarilla para sobrevivir a la gran dosis de naturaleza que tienes delante.

Si no vais a necesitar cuna, porque sois dos, o tres a lo sumo. Os aconsejamos cualquiera de las dos otras, ya que el baño es muy amplio y tienes las dos opciones (bañera o ducha).

Nosotros llegamos a primera hora de la tarde. El día prometía con creces y es que por fin, llegó la verdadera primavera a la capital. 23 grados fueron suficientes para disfrutar de una tarde mágica en la zona de la piscina. ¿Puede ser más increíble este lugar? ¡Nos enamoramos a primera vista! Y creo que esta sobredosis de vitamina C, de diversión y descanso en familia mezclado con un sitio espectacular se va a convertir en nuestra medicina al menos una vez al año, ¿No me digáis que no?

Después de una tarde increíble, un baño en la piscina, unos refrescos y un poco de juego al aire libre con las niñas, nos bajamos a ducharnos, arreglarnos y dimos un paseo por la finca. ¡Es preciosa! Y los dueños muy majos, os dejarán fisgonear todos sus rincones, donde se celebran las bodas, se hacen los cocteles, ¡Incluso tienen hasta una carpa de circo! Bueno su decoración es absolutamente diferente a los sitios de bodas convencionales. ¡Increíble! Sus colores, su mezcla de culturas, la decoración de las mesas, y también las varias zonas de jardines para disfrutar de varios ambientes.

A la hora de la cena nos prepararon una tabla de ahumados y patés caseros. ¡Qué rico! Los ahumados eran una delicia. Cualquier tipo de pescado que te llevaras a la boca sabías perfectamente de que tipo se trataba. Estaban muy ricos y no os quiero contar las varias clases de patés que nos dieron a probar, mezclados con frutas, frutos secos y diferentes tipos de panes tostados. De postre, aunque estábamos llenos, tuvimos que bajar un poco él atracón con unas bolas de helado italiano. ¡Os recomendamos el de chocolate! Suave y cremoso.

Bueno después de todo esto dormimos como bebés. Estábamos verdaderamente flotando en una nube. ¿Cómo había un sitio así y no lo habíamos descubierto antes? ¿Cómo podía ser tan bonito el lugar y sentirnos tan a gusto? ¡Qué bien nos ha venido esta escapada! Nos hubiéramos quedado otro día más pero el deber nos llamaba.

A la mañana siguiente no pudimos hacernos los perezosos. La verdad es que a Alber y a mí nos hubiera encantado, pero las niñas tienen el horario escolar cogido y a las 8.30 tocaron diana. Nos aseamos, vestimos y salimos a despejarnos un poco al porche. ¿Sabéis qué era lo que se oía todo el rato? El sonido de los pajaritos. ¡Madre mía! Nunca había escuchado tanta paz.

El desayuno fue también increíble, no vamos a engañaros. Y tampoco os voy a contar nada malo, porque yo soy fan de los desayunos y me encanta comer como una reina. Los disfruto mucho y suelo poner el listón muy alto. Tengo que decir que no faltó detalle. Cuando llegamos estaba la mesa preparada, Natascha nos trajo unos zumos de naranja naturales, unas bebidas caliente al gusto, unos yogures caseros con frutas del bosque (¡madre mía que sabor!), unas tortitas riquísimas y una cestita con panes y croissants.

Llenamos muy bien la barrigota, así que nos fuimos a dar un paseo al pueblo, donde hay un parque gigante con un lago precioso. Disfrutamos también del maravilloso día que hacía y al volver nos prepararon un picnic en el recinto tan precioso que tienen. ¿Puede ser más mágico todo? ¡Hacía tanto tiempo que no nos sentíamos tan bien…!

El picnic de escándalo. Una tabla llena de encurtidos, crudités con salsa de yogurt casera, panes tostados, quesos, frutos secos… ¡En serio! Yo no me quería volver. ¡Hasta Sia se fue llorando! Ya sabemos que lo bueno dura poco porque es sensación de que se ha disfrutado muchísimo, pero sin duda y estamos convenidos que volveremos. Nos ha encantado todo, partiendo del entorno, la comida, la atención, hasta el bienestar de las habitaciones. Es un lugar ideal para desconectar y llenar el alma de buenas energías. Si te pasas allí dos o tres días te desintoxicas de todo y ¡Oye! Para mini vacaciones en las que no puedes irte a ningún sitio o fines de semana que no sabe uno qué hacer es ideal.

¿Te atreves a vivir la experiencia?

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