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Mi post parto: experiencias.

Lo que nadie te cuenta del los post partos. Mi segunda experiencia “Parir en tiempos de pandemia”.

Desde luego que ser madre es lo mejor que te puede pasar en el mundo ¡Eso no se discute! Puede que el embarazo te haya ido bien o puede que mal, pero todo se olvida cuando ves la carita de tu bebé en el mismo momento que nace. Ese día todo cambia, te cambia el ritmo de vida, tu carácter, tu descanso, tu relación… pero… ¡Todo depende de como lo enfoques, te lo quieras tomar y de la ayuda que el padre te de! Afortunadamente tengo la suerte de que Alberto es un padrazo y nos compaginamos al 50%, ¡Eso sí! La lactancia artificial ayuda mucho a tener un poco más de libertad en el post parto.

Mi primer embarazo fue de lo más increíble. Me iba 3 y 4 horas diarias a andar o me hacía un montón de ejercicios en casa para embarazadas, tipo Pilates. Sin duda me sentía bien, comía todo lo que quería, no tenía dolores y en general me iba todo perfecto. La niña pesó 3 kg y midió 50 cm. Esta bastante bien para ser una niña. El parto fue tan fugaz que ni me enteré. Fuimos al hospital a las 6 de la madrugada porque notaba que tenía perdidas en la bolsa y al estar fisurada te dejan ingresada si o sí. Parecía que me costaba dilatar pero de repente… empezó eso a ir como la pólvora. En siete horas en total estaba para ir a la sala de partos. Reconozco que no me puse nerviosa ni un solo segundo en todo el embarazo hasta que entre con la camilla en la sala. Estaba fría, e imponía toda la situación. ¡Tenía miedo! Pero en tan solo, 14 minutos y tres empujones… ¡Nació Sia! Solo me dieron tres puntos (con epi) y el post parto fue una locura de veloz.

¿Qué hay de mi segunda experiencia? La verdad es que no puedo contaros que el embarazo fuera sumamente malo. El primer trimestre se me paso volando, y en plena pandemia me imposibilitó salir a andar y cuidarme fisicamente. Tampoco me cuidaba gastronómicamente ¡No os voy a engañar! Encerrados durante tres meses día y noche sin poder respirar el aire de la calle no era para estar a dietas y remilgos. Si os preguntáis porque no salía a la calle… ¡Os cuento! Al principio tenía mucho miedo de coger el virus y que al estar de poco tiempo pudiera afectarle al bebé y que saliera algo mal, además tenía a Sia con dos años y medio y tampoco quería exponernos. Alber se encargaba de ir a trabajar y traernos la compra.

Me acuerdo cuando tuve que ir a la primera ecografía. Ya llevábamos un mes y medio de encierro. Me daba miedo salir a la calle y cuando baje… Estaba todo desolado, los hierbajos casi como los árboles de altos, todo descuidado, las calles sucias… ¡Qué horror! Parecía como si estuviéramos en la serie de Walking Dead. Me impactó bastante y cuando volví a casa, me sentí angustiada y no me apetecía ni bajar a por el pan. Después de casi tres meses, nos dieron un poco el alto y podíamos bajar a la calle por horas según tu edad. Bajaba a la calle media hora a pasear con Sia pero de 15:00 a 16:00 cuando nadie estaba andurriando por ahí. He de reconocer que necesitaba salir y despejarme, tanto mi niña como yo. Respirar y sentirse liberados es esencial para mantener el alma limpio.

Me fui viniendo arriba, hasta que en la segunda ecografía me dijeron que la bebe venía con un soplo en el corazón. Ese momento en el que te lo dicen te sienta como un jarrón de agua fría. Encima sola, ahí en la consulta sin poder dar la mano a tu marido, pensando de todo y nada. ¡A lo que voy! Ha sido un embarazo malo en este sentido. Tener que ir sola a las consultas, tener que enfrentarme a los problemas sola… ¡Salía hecha polvo! Menos mal que me armé de fuerza para que ellos no me notaran que estaba mal… Pero es muy triste que el papá no pudo verla en ningún momento, solo una triste foto mal hecha que te dan como recuerdo.

¡Sin enrollarme! Al mes me hicieron otra eco extra para ver si se había curado. Afortunadamente el corazón maduró y se curó. ¡Ya no había soplo! La alegría me invadió todo el cuerpo. Yo me sentía genial, pero… tenía la placenta previa así que mis ratos de libertad para salir a andar se acabaron. Me dijeron que tenía que hacer reposo relativo (ósea, nada de ejercicio físico, porque podría tener un aborto) Así que eso hice… nada de nada.

Finalmente en el último trimestre estaba todo perfecto e India llegó justo en la semana 40. Estuve tres días en casa muerta en vida de los dolores de parto que tenía, pero como no dilataba no me podía ir al hospital. El último día unas contracciones a la 1 de la madrugada que ya no las soportaba. Cogimos la maleta y nos fuimos al hospital… ¡India venía al mundo!. Fue más rápido aún, dilate en cinco horas y porque me quedé dormida y no querían despertarme pero creó que estaría antes…. Me desperté de sopetón porque notaba que se me caía la niña y nos fuimos corriendo a la sala de partos. ¡Igual, tres empujones y salió! Pero esta vez, en tiempo record ¡10 MINUTOS! Lo peor viene ahora…

Me desgarré entera, de arriba a bajo y se liaron a coserme, coserme que me pareció interminable ese momento. La sensación fue horrible, afortunadamente seguía con la epidural y no me entere de dolores pero el ver la aguja arriba y abajo durante unos 15 minutos… ¡Me temía lo peor!.

El post parto no ha sido nada bueno. La primera semana, larga y dura. Cuando iba hacer pis, moría de los escozores y durante los cuatro primeros días no podía ni hacer caca porque tenía los puntos hasta en el culete. ¡Imaginaros! El sangrado de la cuarentena la verdad es que me duró unos 10 días, así que bien.

Ahora han pasado ya tres meses, y sigo con dolorcillos en la parte baja de la tripa. El puerperio de los segundos hijos duele y cuesta mucho más. ¡Pero que todos los dolores y males sean esos! Yo la miro la cara y es que me dan ganas de comermela y re comermela.

Las dos son fantásticas y Sia cuida a su hermana como una verdadera hermana. La quiere y la adora y eso se nota porque se pasa el día dandole besitos. Por otra parte es que alucino, porque con tan solo dos mesecines, India espabiló mucho y nada mas que hace buscarla con la mirada para que la diga y haga cosas y yo… ¡Todo el rato que no las puedo quitar ojo, no vaya ser qué se caía o le haga daño sin querer! El tema celos y pelusa no puedo contaros mucho. De vez en cuanto, bien es cierto que se pone ñoña, pero es normal… tienen tres años y algo de cosita y falta de atención llama, pero nada del otro mundo. ¡No podemos quejarnos!

En definitiva… ¡Qué os puedo contar mas…! Siempre es duro, sobre todo con dos, el ritmo cambia aún más. Casi no me queda tiempo para depilarme las cejas, y ahora… estoy aprovechando la hora de la siesta, que aunque me apetezca mas que a ellas cerrar el ojo, tenía el compromiso de escribiros mi experiencia con pelos y señales. Yo me supongo que el post parto dando la lactancia materna es un poco más sacrificado porque se tiene mucho menos tiempo y en eso el papi no os puede ayudar. Yo no tuve leche en el primer embarazo, y desde el primer momento que se enganchó Sia me hizo sangre y grietas en los pezones. Fue horrible y esta algo ue no quería volver a pasar, así que decidí desde el primer momento darle leche artificial. Indi está como un torito. ¡No os lo he dicho! Nació con 4, 200 kg (¡Así que me desgarró la amiga!) y 53 cm. Ya criada como dicen en los pueblos. Frente a esto… todo se pasa y se olvida afortunadamente. Y aunque mi sueño en la vida era ser mami de tres… creo que se va a volatizar porque no estoy preparada para otro más, otra boca que alimentar y un cambio de casa. JAJAJA aunque os digo una cosa… uno no sabe si le tocará la lotería para que estas palabras me las tenga que tragar.

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